En algún servidor de tu empresa hay un PowerPoint de noventa diapositivas que alguien escribió hace seis años. Es «la formación».
Ese material funcionaba razonablemente bien cuando había una persona delante explicándolo, respondiendo preguntas y saltándose las diapositivas que no venían al caso. La sala hacía la mitad del trabajo.
Cuando lo subes tal cual a una plataforma, esa mitad desaparece y nadie la sustituye. El alumno se queda solo frente a noventa pantallas de texto, sin nadie que le diga qué importa y qué no. Abre, hojea, cierra. Y la empresa concluye que el e-learning no funciona.
Digitalizar bien consiste en reconstruir lo que hacía el formador con los medios que da la pantalla. No en cambiar el formato del archivo.
Cómo lo hacemos.
De noventa diapositivas suelen quedar cuarenta. Lo que no ayuda a aprender no se digitaliza: se tira. Es la fase más incómoda y la que más mejora el resultado.
Un orden que funciona en una sala no funciona en solitario. Reorganizamos el contenido alrededor de lo que el alumno tiene que ser capaz de hacer, y no del índice del manual original.
Simulaciones, práctica guiada, comprobaciones de comprensión. Si un contenido se entiende igual leyéndolo, lo dejamos como texto y nos ahorramos tu presupuesto.
Compatible con cualquier plataforma del mercado y con trazabilidad completa. Sabrás en qué punto exacto se descuelga cada alumno, que es la única forma de arreglarlo.
Trabajamos por entregables. Ves el primer módulo terminado antes de que produzcamos el resto, y si algo no encaja, se corrige cuando corregirlo es barato.
También rescatamos cursos viejos
Un curso que se ve mal en el móvil está muerto, por bueno que sea su contenido.
Muchas empresas tienen material valioso encerrado en formatos que ya no funcionan: cursos hechos en tecnologías discontinuadas, diseños de hace una década, contenidos que no se abren en una tableta. Tirar todo eso y empezar de cero suele ser innecesario.
Actualizamos la imagen, arreglamos la navegación y los devolvemos a la vida con estándares actuales. Casi siempre cuesta bastante menos que producirlos otra vez.
Cuándo tiene sentido.
Cuando tienes material bueno que nadie termina. Cuando la formación presencial funcionaba y la online no. Cuando necesitas que el mismo curso llegue a cien personas sin que un formador lo repita cien veces.
Y cuándo no: si el contenido original no era bueno, digitalizarlo no lo arregla. Lo dejará igual de flojo, pero con animaciones. Eso también te lo diremos.