Un choque de realidad empresarial
Hace poco, conversando con el dueño de una empresa de logística de nuestra región, me decía algo que me dejó pensando: “Tengo la mejor maquinaria, el mejor software de rutas y la mejor ubicación, pero mi mayor dolor de cabeza sigue siendo que mi equipo no sabe cómo adaptarse al siguiente cambio”.
En ese momento me di cuenta de que, a menudo, invertimos miles de euros en actualizar nuestros servidores o nuestras flotas, pero nos olvidamos de actualizar el activo más crítico de cualquier balance: la mente de nuestra gente. Como gerente de una EdTech, mi día a día no son solo líneas de código; es intentar descifrar cómo logramos que el aprendizaje deje de ser un trámite aburrido y se convierta en una ventaja competitiva real. (Es algo que realmente intentamos aplicar a nosotros mismos y sin el mapa de ruta adecuado es complicado conseguirlo …)
El miedo a lo nuevo
Recuerdo también el caso de una empleada en una de las empresas con las que trabajamos. Llevaba 20 años haciendo las cosas de la misma manera y, cuando introdujimos nuestra plataforma de formación digital, su primera reacción fue el rechazo. Me dijo: “A mi edad, ya no estoy para jueguitos en la computadora”.
No era falta de capacidad, era quizá miedo a la irrelevancia. Tres meses después, esa misma persona era la que más módulos de micro-aprendizaje había completado. ¿Qué cambió? No fue la tecnología, fue que por primera vez sintió que la empresa invertía en ella para que pudiera seguir siendo valiosa. Esa es la magia de la tecnología educativa bien aplicada: no reemplaza a las personas, les devuelve la confianza de que pueden evolucionar.
El coste de no saber
A veces, como gerentes, nos asusta el coste de la formación. Pero permítanme contarles otra historia. Conocí a una pyme que perdió un contrato internacional importante simplemente porque su equipo de ventas no sabía usar una herramienta de análisis de datos que el cliente exigía.
El coste de esa “no formación” fue diez veces superior a cualquier curso. En el mundo EdTech decimos que la educación es cara, pero la ignorancia es un lujo que ninguna empresa en esta sala se puede permitir. La formación digital nos permite hoy lo que antes era imposible: democratizar el conocimiento. Ya no necesitas enviar a todo tu equipo a un seminario en otra ciudad; el experto mundial puede estar hoy en el bolsillo de cada uno de tus empleados.
Un compromiso local
Para cerrar, quiero invitarlos a ver la tecnología no como un fin, sino como un puente. En nuestra localidad tenemos un talento increíble, pero ese talento necesita herramientas modernas para competir globalmente. Mi visión desde la gerencia de una EdTech es que nadie se quede atrás por falta de acceso al conocimiento.
No importa si tienen una empresa de tres empleados o de tres mil; el reto es el mismo: aprender más rápido que el cambio. Hagamos que nuestra Cámara de Comercio sea recordada no solo por sus negocios, sino por ser el motor que impulsó la mente de sus trabajadores hacia el futuro.
Por: Daniel jiménez

