Es martes. Llega el requerimiento. Piden los registros de conexión de un alumno de un grupo que terminó hace ocho meses.
Y entonces alguien abre la plataforma y descubre que aquello no se guardó. O que se guardó de una manera que no sirve. El curso ya se impartió. Ya se pagó. La bonificación se cae entera, y con ella el margen de un año de trabajo.
No pasó porque la plataforma fuera mala. Pasó porque nadie la configuró pensando en este martes.
Cualquiera instala Moodle. Se descarga gratis, hay tutoriales a montones, en una tarde tienes un aula virtual funcionando. Por eso vender la instalación es vender aire. La dificultad nunca estuvo ahí.
Lo que hacemos, sin adornos.
Moodle o Chamilo, configurados para tu forma de trabajar y no para la del manual. Instalar lleva una tarde. Ajustarlo a tu operativa real es el trabajo.
Cursos empaquetados según los estándares del sector. Se integran en cualquier plataforma y devuelven datos de lo que ocurre dentro. Si no se mide, no se mejora.
En nuestros servidores o en tu propia infraestructura. Si tus datos no pueden salir de casa, se quedan en casa.
Una plataforma caída en mitad de un curso bonificado no es una incidencia informática. Es un grupo que no puede acreditar sus horas.
Por qué software libre
Si algún día quieres dejar de trabajar con nosotros, te llevas la plataforma entera.
Tu formación no debería depender de que un fabricante suba el precio o discontinúe el producto. Moodle y Chamilo llevan décadas funcionando, tienen comunidad detrás y el código es tuyo. Nosotros vivimos de que quieras quedarte, no de que no puedas irte.
Y para quién no.
Esto tiene sentido si impartes teleformación bonificada y no quieres jugarte un grupo entero por un registro mal guardado. O si formas a tu plantilla y necesitas demostrar el aprovechamiento, no solo la matrícula.
Si lo único que necesitas es un aula virtual para colgar cuatro vídeos, monta Moodle tú mismo. Va en serio: no hace falta que nos pagues por eso.